Resulta imposible no visibilizar la profunda desigualdad que existe dentro de nuestra propia provincia. Mientras en algunos departamentos se debate cómo optimizar procesos técnicos vinculados al tratamiento y la disposición final de efluentes cloacales, en Malargüe todavía hay barrios y sectores completos que ni siquiera cuentan con red de cloacas.
Esta realidad refleja una brecha estructural que no puede seguir siendo ignorada. Hablar de eficiencia, modernización o mejoras en sistemas avanzados pierde sentido cuando hay comunidades que aún esperan el acceso a un servicio básico esencial para la salud pública, el ambiente y la dignidad de las familias.
La falta de infraestructura sanitaria impacta directamente en la calidad de vida, en la prevención de enfermedades y en el desarrollo urbano ordenado. No se trata solo de una obra pública más, sino de garantizar derechos básicos e igualdad de condiciones para todos los mendocinos, sin importar en qué departamento vivan.
Es imprescindible que el gobierno provincial priorice estas realidades y avance en soluciones concretas, con planificación, inversión sostenida y una mirada federal hacia el sur provincial. También se vuelve necesario abrir un debate serio sobre la autonomía municipal en Mendoza, para que cada departamento pueda gestionar con mayor independencia y responder a sus propias urgencias estructurales.
No puede haber mendocinos de primera y de segunda. El acceso a servicios esenciales como el saneamiento debe ser una política prioritaria y equitativa en toda la provincia.








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