La industria de la construcción en el sur de Mendoza atraviesa una de sus peores crisis en años, con fuerte caída del empleo, obras paralizadas y una marcada fuga de mano de obra calificada hacia otras regiones del país.
La actividad de la construcción en el sur de Mendoza, especialmente en San Rafael, enfrenta un escenario de profunda retracción económica que impacta tanto en los niveles de empleo como en la inversión productiva. La paralización de la obra pública nacional y la debilidad del desarrollo privado configuran un panorama complejo, atravesado por la incertidumbre y la falta de financiamiento.
Fernando Sombra, ingeniero civil y presidente de la Específica de la Construcción de la Cámara de Comercio de San Rafael, advirtió que el sector se encuentra prácticamente paralizado, con niveles mínimos de actividad que comprometen su sostenibilidad a corto y mediano plazo.
Uno de los principales factores que explican la caída de la actividad es la paralización total de la obra pública nacional. Esta situación dejó sin impulso a un sector que históricamente dependió en gran medida de la inversión estatal para sostener su dinamismo.
A esto se suma un contexto macroeconómico adverso, marcado por una inflación persistente y la falta de mecanismos de financiamiento genuinos. Según explicó Sombra, esta combinación generó un clima de incertidumbre que frenó las decisiones de inversión a largo plazo, tanto de desarrolladores como de particulares.
El impacto no es aislado. La crisis de la construcción se replica a nivel nacional, con una caída generalizada de la actividad y un incremento sostenido en los costos de los insumos básicos, lo que encarece significativamente cualquier proyecto.
La contracción del sector tuvo un efecto directo sobre el empleo en San Rafael y zonas aledañas. Muchas empresas se vieron obligadas a reducir sus estructuras al mínimo indispensable para subsistir, lo que derivó en una pérdida significativa de puestos de trabajo.
Esta situación afecta no solo a los trabajadores de la construcción, sino también a toda la cadena de valor vinculada a la actividad. La construcción ha sido históricamente uno de los principales motores de la economía regional por su capacidad de generar empleo indirecto y dinamizar el consumo en rubros asociados.
La caída en la actividad, por lo tanto, repercute en múltiples sectores, desde proveedores de materiales hasta servicios vinculados, profundizando el impacto económico en la región.
Uno de los aspectos más preocupantes es la migración de trabajadores especializados hacia otras zonas del país con mayor nivel de actividad. Entre los destinos más frecuentes se destacan Vaca Muerta, en Neuquén, así como proyectos mineros en el norte argentino.
Este fenómeno implica una pérdida de capital humano clave para el desarrollo local. Operarios calificados y profesionales técnicos abandonan la región en busca de mejores oportunidades laborales, lo que podría generar dificultades a futuro si la actividad se reactiva y no se cuenta con personal capacitado disponible.
Sombra alertó que esta fuga de talentos representa un desafío estructural, ya que la formación de mano de obra especializada requiere tiempo y recursos.
En términos financieros, el costo del metro cuadrado continúa siendo elevado, incluso en un contexto de relativa estabilidad del dólar. Esto limita el acceso a la construcción tanto para la clase media como para pequeñas empresas.
Entre los principales obstáculos, el referente del sector señaló:
Estas variables impiden que la construcción recupere su rol estratégico en el desarrollo urbano y en la planificación inmobiliaria de la región.
A pesar del escenario adverso, desde el sector mantienen expectativas de recuperación a futuro. La construcción es una actividad con alta capacidad de reacción ante estímulos económicos, por lo que cualquier mejora en las condiciones macroeconómicas podría generar un repunte relativamente rápido.
Sin embargo, para que esto ocurra, resulta clave establecer reglas claras y generar confianza que incentive el regreso de las inversiones. La previsibilidad aparece como un factor central para reactivar proyectos y frenar el deterioro del sector.
Sombra remarcó que, si se logra estabilizar la economía y se implementan políticas que favorezcan el financiamiento, la actividad podría recuperar su dinamismo y volver a posicionarse como uno de los motores del desarrollo en el sur de Mendoza.








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