Mientras el discurso libertario nacional predica la austeridad y el ajuste, la edil alvearense no perdió el tiempo: armó su monobloque y designó de inmediato a dos asesoras. Más cargos y más estructura pagada por los vecinos.
La concejal libertaria Florencia Morales, quien recientemente sacudió el escenario político local al romper el bloque oficialista para armar su propio espacio, demostró que la velocidad no solo la aplica a las rupturas. Apenas concretada la separación, avanzó rápidamente en el armado de su nueva estructura y en la designación de nuevos cargos dentro de su flamante bloque unipersonal.
Haciendo un uso quirúrgico del reglamento interno del Concejo Deliberante, Morales incorporó formalmente a Paula Schulze como asesora y a Daiana Sabio como secretaria. El resultado es el de siempre: más estructura, más nombramientos y un incremento en el gasto político, justo en tiempos donde la sociedad exige gestos reales de austeridad y reducción del Estado.
La contradicción saltó a la vista de inmediato y encendió las alarmas en General Alvear. Mientras a nivel nacional el espacio político que representa agita la bandera de la “motosierra” para eliminar los privilegios de la política, en el pago chico parece que el discurso se queda solo en la tribuna. A la hora de los beneficios personales y los nombramientos, la motosierra libertaria se transforma en una inofensiva tijerita de jardín.
La decisión cayó como un balde de agua fría y volvió a profundizar el malestar social en la comunidad. La realidad de la calle es incontrastable: mientras los vecinos, comerciantes y trabajadores alvearenses hacen malabares diarios para llegar a fin de mes y sostener la economía local, la política institucional sigue encontrando la rendija perfecta para agrandar sus estructuras con cargos pagos por el esfuerzo de todos.
La ruptura de Florencia Morales con el bloque oficialista ya había tenido un costo político evidente en la dinámica del Concejo. Ahora, quedó claro que también tendrá un costo económico directo. Una vez más, en la política local, los platos rotos y la cuenta de la fiesta los termina pagando el pueblo Alvearense.








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