Es profundamente preocupante que, después de más de 30 años de funcionamiento, el gobierno de Alfredo Cornejo haya decidido cerrar de manera abrupta el FTYC (Fondo para la Transformación y el Crecimiento), una herramienta histórica para el desarrollo productivo de Mendoza.
El FTYC no fue un organismo más. Durante décadas, representó un sostén concreto para cientos de pequeños y medianos productores agrícolas, ganaderos, industriales y comerciantes. A través de sus líneas de financiamiento, permitió inversiones clave como la instalación de malla antigranizo, sistemas de riego por aspersión y tecnología para la defensa contra heladas, recursos que hoy resultan determinantes para la supervivencia de muchas economías regionales.
No se trata de una mirada ajena. Hablo desde la experiencia: trabajé durante 18 años en la delegación de General Alvear y fui testigo directo del impacto positivo que este organismo tuvo en la producción local y en la vida de quienes apostaron al trabajo.
Sin embargo, más allá del cierre en sí, lo que genera mayor inquietud es el silencio. La ausencia de posicionamientos claros por parte de las autoridades locales abre interrogantes inevitables. ¿Dónde está el intendente en la defensa de los productores alvearenses? ¿Qué postura han tomado la Cámara de Comercio y las entidades que históricamente respaldaron estas herramientas?
El argumento oficial apunta a la construcción de “un país serio”, con orden macroeconómico que luego se trasladaría a la microeconomía. Pero en el interior productivo, la realidad es distinta: se están eliminando instrumentos concretos, cercanos y eficientes que sostenían la actividad económica real.
En paralelo, en General Alvear crece la incertidumbre. A los rumores sobre un posible cierre de la delegación de PAMI —aún sin confirmación oficial— se suman antecedentes recientes como la salida de organismos nacionales y servicios esenciales. La retirada de estructuras como ARCA o dependencias del correo refuerzan la percepción de un proceso de vaciamiento institucional.
La pregunta que surge es inevitable: ¿qué organismo será el próximo en desaparecer?
Lejos de plantearse como un ataque político, este planteo busca encender una señal de alerta. Poner en palabras una preocupación que ya es palpable entre vecinos, productores y trabajadores.
Porque el silencio no es neutral. El silencio también implica una forma de aval.
General Alvear necesita dirigentes que defiendan activamente los intereses del territorio, que expresen con claridad cuando decisiones externas afectan el entramado productivo y social. De lo contrario, el riesgo es evidente: que cuando la tan esperada recuperación de la microeconomía llegue, para muchos ya sea demasiado tarde.








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